Cuáles han sido las consecuencias económicas de otras pandemias.

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Todas las pandemias de la Historia han tenido en común un fuerte impacto sobre la economía: freno del comercio, escasez de trabajo e incluso falta de alimento y de mano de obra debido a la reducción de la población. Aunque el alcance del coronavirus es todavía desconocido, lo cierto es que ya ha tenido un gran impacto en la economía mundial. Como sabemos que el pasado nos enseña valiosas lecciones, hoy hablamos de las consecuencias económicas de las pandemias más letales a las que se ha enfrentado la humanidad, y también de los inesperados efectivos positivos que una crisis de este tipo puede tener.

La plaga de Justiniano: falta de alimento y austeridad en el Imperio

Entre los años 541 y 543 un brote de peste bubónica se extendió por todo el Imperio Bizantino, que comprendía territorios en Europa, Asia y África. Según los historiadores, causó la muerte de entre el 13 % y el 26 % de la población mundial. La enfermedad afectó a grandes núcleos urbanos dedicados a la agricultura y frenó la actividad comercial del imperio, además de afectar a la recaudación de impuestos.

El descenso de la población en las zonas rurales afectó decisivamente a la producción de alimentos y disminuyó la resistencia a las invasiones extranjeras, con sus consecuentes saqueos. En general, provocó una época de dificultades en el imperio, que redujo su tasa impositiva del siglo VI al VII aproximadamente en un tercio.

 

La peste negra: reducción de la mano de obra y mejora de los sueldos en el campo

Durante el siglo XIV, esta enfermedad causó la muerte de aproximadamente 25 millones de personas tan solo en Europa, y de entre 30 y 60 millones en Asia y África. En los brotes posteriores, se calcula que podría haber causado la muerte de 200 millones de personas.

La despoblación en las zonas rurales provocó a su vez una importante disminución de la actividad agraria, uno de los ejes fundamentales de la economía de la época. Tras el paso de esta pandemia, se sucedieron varias revueltas en el campo que dieron lugar a la supresión de la servidumbre en la mayoría de los territorios, con una nobleza política y económicamente debilitada y una mano de obra escasa. Los salarios en el campo mejoraron y, al menguar la población noble, se concentraron las fortunas.

Por otro lado, esa reducción en la mano de obra trajo consigo una ola de innovación tecnológica, en la búsqueda de herramientas que facilitasen el trabajo, y la consolidación de las corrientes humanistas que darían paso al final de la Edad Media y al comienzo del Renacimiento.

 

La viruela: un impulso para la ciencia

Aunque es una enfermedad conocida desde hace miles de años, comenzó a expandirse rápidamente por el mundo con los viajes de los primeros conquistadores. Tuvo consecuencias devastadoras en los territorios de América y las poblaciones nativas, siendo uno de los detonantes de la caída del Imperio Inca y de ciudades como Tenochtitlan.

En el siglo XVIII hubo una oleada especialmente dramática en Europa que infectó a millones de personas. Su alta mortandad provocó una importante reducción de la actividad comercial y agraria en los núcleos urbanos y rurales. Ante la necesidad de luchar contra esta violenta enfermedad, se impulsó la investigación de una vacuna que pudiera erradicarla. Después de varias décadas de pruebas, la enfermedad quedó oficialmente erradicada en 1980. La viruela es considerada la primera enfermedad combatida a escala mundial gracias a la colaboración internacional.

 

La gripe española: freno del comercio en plena guerra

Es complicado discernir cuáles fueron sus verdaderas implicaciones económicas, porque coincidió con la Primera Guerra Mundial, en 1918. Si bien afectó a varios países de todo el mundo, esta gripe tomó el nombre de “española” porque España fue el único país que compartió de forma transparente sus informes sobre el avance de la enfermedad, a diferencia de los países vecinos, sumidos en la Gran Guerra.

Se estima que causó alrededor de 50 millones de muertos, un gran porcentaje de ellos adultos jóvenes que suponían la principal fuerza de trabajo. El aislamiento que conllevó esta enfermedad provocó que muchas personas se ausentaran en sus puestos de trabajo y el resultado fue una importante reducción en la actividad económica.

La asistencia médica necesaria, la desinfección de individuos y lugares, el parón en la economía y el uso de material sanitario como mascarillas y vacunas provocó el endeudamiento de muchos territorios. Según algunos expertos, la gripe española pudo influir en el final de la guerra ya que el avance de las tropas se complicó por el número de bajas y soldados enfermos.

 

Gripe asiática y gripe de Hong Kong: el refuerzo a la inversión sanitaria

 En 1957, un nuevo virus conocido como H2N2 con origen en China se extendió por todo el mundo causando hasta un millón de muertes – en España se estima que acabó con la vida de 10.000 personas-. Su especial incidencia en niños y adultos jóvenes produjo un impacto en el sistema económico, no tan acusado como en otras pandemias gracias al desarrollo de vacunas y antibióticos y a unos sistemas sanitarios reforzados por la inversión pública.

Una década después, en 1968, se produjo una nueva epidemia causada por el virus pandémico H3N2 que se conoció como gripe de Hong Kong. Afectó principalmente a la población de este territorio, pero se extendió por todo el mundo afectando seriamente a la fuerza laboral y propiciando la inversión en personal y material sanitario.

El coronavirus, todavía lejos de la mortandad de los ejemplos anteriores, ha dejado la economía global maltrecha a la vez que ha obligado a todo el tejido empresarial e instituciones públicas a reinventarse hacia un modelo más digital, más conectado y consciente de su impacto en el medio ambiente.

¿Será este el próximo momento decisivo para la humanidad y el paso a una nueva etapa de nuestra historia?

 

Contenido elaborado por Aleph Comunicación.

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